En esa esquina esperaba el bus de Loarque-Lomas, era una realidad que a las 6 y media, era una esperanza fallida que pasara alguna unidad, si lo hacía era el último tren a Siberia, atestado de pasajeros, hediondo a sobaco, lleno de realidades quebradas. Si tenía suerte lo tomaba, sino, habría que iniciar la larga caminata hasta la colonia que estaba después del aeropuerto.

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